Así, aparentemente, esta idea de conexión necesaria entre eventos surge de una serie de casos similares que se dan por la conjunción constante de dichos eventos; no porque esa idea pueda ser sugerida nunca por ninguno de estos casos, aunque se examinen bajo todas las luces y posiciones posibles. Sin embargo, en un numero determinado de casos no hay nada distinto de cada caso particular que se suponga que sea exactamente similar; salvo, únicamente, que tras una repetición de casos similares la mente se deja llevar por el hábito: ante la aparición de un evento, espera su habitual seguimiento, y cree que existirá. Esta conexión, por tanto, que sentimos en la mente, esta transición rutinaria de la imaginación desde un objeto a su normal seguimiento, es el sentimiento o la impresión de la que formamos la idea de poder o conexión necesaria.
D. Hume, Investigación sobre el entendimiento humano
En el texto Hume nos propone el análisis del conocimiento y la relación causal.
Cuestiones:
1. Exponer las ideas y la estructura argumentativa del texto propuesto.
El problema del conocimiento: racionalismo y empirismo
El racionalismo afirmaba que la razón era la fuente del conocimiento, el empirismo tomará la experiencia como la fuente y el límite de nuestros conocimientos. Ello supondrá la crítica del innatismo, es decir, la negación de que existan “ideas” o contenidos mentales que no procedan de la experiencia. La experiencia está constituida por un conjunto de impresiones, cuya causa desconocemos.
Análisis del conocimiento en Hume.
Las percepciones de la mente en dos clases:
· Pensamientos o ideas: las menos fuertes e intensas.
· Impresiones: mas fuertes e intensas.
1.-Los elementos del conocimiento.
Las ideas derivan de las impresiones; las impresiones son elementos originarios del conocimiento; de esta relación se extraerá el criterio de verdad: una proposición será verdadera si las ideas que contiene corresponden a alguna impresión; y falsa sino hay tal correspondencia.
Las impresiones pueden ser de dos tipos: de sensación, y de reflexión.
Las impresiones de sensación, cuya causa es desconocida, las atribuimos a la acción de los sentidos. Ej: lo que vemos, oímos, sentimos, etc;
Las impresiones de reflexión son aquellas que van asociadas a la percepción de una idea. Ej: la idea de frío
. Además, las impresiones pueden clasificarse también como simples o complejas; una impresión simple sería la percepción de un color, por ejemplo; una impresión compleja, la percepción de una ciudad.
Las ideas pueden clasificarse en simples y complejas. Las ideas simples son la copia de una impresión simple. Las ideas complejas pueden ser la copia de impresiones complejas o pueden ser elaboradas por la mente a partir de otras ideas simples o complejas, mediante la operación de mezclarlas o combinarlas.
2.-Las leyes de la asociación de ideas.
La capacidad de la mente para combinar ideas parece ilimitada. Esa asociación se produce siempre siguiendo determinadas leyes: la de semejanza, la de contigüidad en el tiempo o en el espacio, y la de causa o efecto. Estas tres leyes permiten explicar la asociación de ideas.
3.-Los tipos de conocimiento.
Los objetos de la razón e investigación humana puede dividirse en dos grupos: relaciones de ideas y cuestiones de hecho.
Los objetos de la razón pertenecientes al primer son las que contienen toda afirmación que sea intuitiva o demostrativamente cierta y, conocidos independientemente de lo que exista. Dependen de la actividad de la razón.
Las cuestiones de hecho, no pueden ser investigadas ya que lo contrario de un hecho es siempre posible. No hay ninguna contradicción, no podríamos demostrar su falsedad. Debemos recurrir para determinar si una cuestión de hecho es verdadera o falsa a la relación de causa y efecto.
Si estamos convencidos de que un hecho ha de producirse de una determinada manera, es porque la experiencia no lo ha demostrado de esa manera.
Dos tipos de conocimiento: el conocimiento de relaciones de ideas y el conocimiento de hechos. En el primer caso el conocimiento depende de las operaciones de entendimiento reguladas por el principio de contradicción; en el segundo por la experiencia
El empirismo supone la aceptación de la existencia de objetos externos al sujeto, “las cosas”, que son la causa de todas mis impresiones y, por lo tanto, de todos mis conocimientos, pero no se puede demostrar que los objetos externos sean la causa de mis impresiones.
El conocimiento de hechos se funda en la experiencia, pero ¿en qué se funda la experiencia? En las dudas escépticas.
¿Qué contiene la idea de causalidad? La relación causal se ha concebido por una “conexión necesaria” entre la causa y el efecto, donde conocida la causa, la razón puede deducir el efecto y viceversa.
¿Qué ocurre si aplicamos el criterio de verdad establecido por Hume para determinar si una idea es o no verdadera? Una idea será verdadera si hay una impresión que le corresponde.
Por ejemplo el choque de dos bolas de billar, observamos el movimiento de la primera bola y su impacto (causa) sobre la segunda, que se pone en movimiento (efecto); en ambos casos, tanto a la causa como al efecto les corresponde una impresión, siendo verdaderas dichas ideas. Estamos convencidos de que si la primera bola impacta con la segunda, ésta se desplazará al suponer una “conexión necesaria” entre la causa y el efecto: ¿Pero hay alguna impresión que le corresponda a esta idea de “conexión necesaria”? No, dice Hume. Lo único que observamos es la sucesión entre el movimiento de la primera bola y el movimiento de la segunda; de lo único que tenemos impresión es de la idea de sucesión, pero por ninguna parte aparece una impresión que corresponda a la idea de “conexión necesaria”, por lo que hemos de concluir que la idea de que existe una “conexión necesaria” entre la causa y el efecto es una idea falsa.
¿De dónde procede, pues, nuestro convencimiento de la necesidad de que la segunda bola se ponga en movimiento al recibir el impacto de la primera? De la experiencia.
El principio de causalidad sólo tiene valor aplicado a la experiencia, aplicado a objetos de los que tenemos impresiones y, por lo tanto, sólo tiene valor aplicado al pasado, dado que
de los fenómenos que puedan ocurrir en el futuro no tenemos impresión ninguna.
Existen dos tipos de sustancia: la sustancia primera, que es el individuo, el ser particular y concreto; y la sustancias segunda, aquello por lo que se es ese ser particular y concreto, la esencia, la especie formal, que es inmanente en cada individuo. Esta segunda es donde se construyen la metafísica y la gnoseología aristotélica. Siendo la esencia una “forma” no contiene nada material, siendo lo único por lo que podemos conocer la realidad. Las demás formas de ser son accidente: forma, color, tamaño
Hume se preguntará por la validez de la idea de sustancia, y lo hará recurriendo al criterio de verdad, una idea es verdadera si le corresponde una impresión.
Hay dos tipos de impresiones: las impresiones de sensación y las impresiones de reflexión. No hay ninguna impresión de sensación que corresponda a la idea de sustancia, ya que esta idea no contiene nada sensible. Las impresiones de reflexión están constituidas por pasiones y por emociones.
Si a la idea de sustancia no le corresponde ninguna impresión, quiere decir, que es falsa.
Cuando escucho ese nombre, evoco la imagen de uno de los objetos a los que lo he asociado, al ser imposible evocar todos, son ideas particulares a las que hemos dotado de una cierta capacidad representativa basada en la simple relación de semejanza o similitud entre los objetos. Por lo demás, siendo las ideas copias de impresiones, y siendo las impresiones siempre particulares, no puede haber ideas que no sean particulares.
EL ALMA, EL MUNDO Y DIOS
1. El mundo
Tenemos una tendencia natural: “creemos” que los objetos y las percepciones son una sola cosa, o que nuestras percepciones están causadas por los objetos.
Estamos “encerrados” en nuestras percepciones. Podemos hacer cuanto queramos, pero no podremos nunca ir más allá de nuestras impresiones e ideas.
La creencia en la existencia independiente de los objetos externos la atribuye Hume a la imaginación. No se puede justificar tal creencia apoyándose en los sentidos, ni apelando a la razón. No puede proceder de los sentidos, ya que éstos no nos ofrecen nada distinto de nuestras percepciones
2. El alma
La existencia del alma, una sustancia, material o inmaterial, subsistente, y causa última o sujeto de todas mis actividades mentales había representado uno de los pilares sobre los que ésta se había desarrollado. Los atributos de simplicidad e inmaterialidad, representando la identidad personal.
No hay ninguna impresión que pueda justificar la idea de un yo autoconsciente.
Lo que nos induce a atribuir simplicidad e identidad al yo, a la mente, es una confusión entre las ideas de “identidad” y “sucesión”, a la que hay que sumar la acción de la memoria.
3. Dios
Hume no reconocerá validez alguna a las demostraciones metafísicas de la existencia de Dios, considerando que dicha existencia no es demostrable racionalmente.
Si la idea de sustancia es una idea falsa, es inútil intentar demostrar la existencia de una sustancia infinita, de Dios. “A priori”, que van de la causa al efecto, sólo tiene validez, en el ámbito de la experiencia, y no tenemos experiencia alguna de la causa, de Dios.
“A posteriori”, los que se remontan del efecto a la causa. Partiendo del orden del mundo, llegar a la existencia de una causa.La existencia de un cierto orden en la naturaleza se infiere la existencia de un proyecto y, por lo tanto, de un agente. Hume añade que este argumento atribuye a la causa más cualidades de las que son necesarias para producir el efecto.
La relación entre “el mundo” y su “creador” no disponemos de esa experiencia.
La Ética de Hume
La moralidad existe es considerado por Hume como una cuestión de hecho
Hume nos ofrece argumentos con los que rechazar la posibilidad de que la razón sea la fuente de la moralidad, que derivan de su análisis del conocimiento.
El conocimiento de hechos y el conocimiento de relaciones de ideas. Si decimos que la razón es la fuente de las distinciones morales, tales distinciones deberían obtenerse mediante uno de los dos tipos de conocimiento señalados. Pero no ocurre así: ninguno de ellos nos permite obtener la menor noción de lo bueno y lo malo.
A) Las distinciones morales no proceden del conocimiento de hechos.
Lo que denominamos “bueno” y “malo” no puede ser considerado como algo que constituya una cualidad o propiedad de un objeto moral.
La moralidad se ocupa del deber ser: no pretende describir lo que es, sino prescribir lo que debe ser. La observación y el análisis no se podrá deducir lo que “debe ser”. Hay un paso ilegítimo del ser (los hechos) al deber ser (la moralidad). Ese paso conduce a la llamada “falacia naturalista”.
B) Las distinciones morales no proceden del conocimiento de relación de ideas.
El conocimiento de relación de ideas se encuentran en las cosas materiales, en nosotros mismos, en nuestras acciones pasiones y voliciones. Deberíamos considerar lo “bueno” y lo “malo”, tanto en la acción humana como en la acción de la naturaleza y de los seres irracionales, lo que, por supuesto, no hacemos.
C) La moralidad se funda en el sentimiento
La razón no puede hacer distinciones morales en general. Sólo queda el sentimiento.
Algo es bueno o malo, justo o injusto, virtuoso o vicioso por el sentimiento de agrado o desagrado, de aprobación o rechazo que se genera en nosotros al observar dicho objeto moral. Las valoraciones morales dependen del sentimiento.
Las pautas que regulan los sentimientos estarán sometidas a una cierta regularidad o concordancia. Uno de esos elementos concordantes es la utilidad. La utilidadla encontrará en la base de virtudes como la benevolencia y la justicia.
3. Relacionar el pensamiento de Hume con su marco histórico, sociocultural y filosófico.
4. Explicar el problema del conocimiento en otro autor de la Edad Media